Sep 21, 2010
trecedejunio

George Sprott 1894-1975

Ayer fui a ver la obra  “Todos eran mis hijos” de Arthur Miller (adaptada por Claudio Tolcachir ) en el Teatro Español. Luego terminé la maravilla de novela gráfica “George Sprott 1894-1975” del canadiense Seth.

Ambas se desarrollan (la primera totalmente y la segunda parcialmente) en los años sucesivos al fin de la II Guerra Mundial, en países vecinos  EEUU y Canadá respectivamente. En ellas somos espectadores del cómo  terminaron de recuperarse estos países de los efectos de la Gran Depresión.  Aparte de eso no tienen nada que ver la novela y la obra, y seguramente sea una barbaridad decir que son complementarias. Pero sí, yo creo que se complementan. Nos cuentan de donde venimos, cómo era esa generación, y de donde viene lo que vivimos ahora, desde el capitalismo hasta la comunicación. Cómo dice Javier Vallejo en el País:

“En Todos eran mis hijos se advierte un optimismo que Miller perdió acaso con el tiempo y la experiencia. A Keller, el industrial sin escrúpulos, la vida le acaba pasando factura. Su hijo, que le sale honesto, simboliza la esperanza de un mundo mejor, que nunca llegó: imaginen cuántos Keller había en la Agencia federal de Gestión Minera que supervisa la seguridad de plataformas petrolíferas como la recientemente accidentada Deep-water de BP, y que al abandonar su puesto pasaron a trabajar para sus ex compañeros como contratistas privados.”

Bueno, y después de la muy personal reflexión, y aunque en el Cuarto Mundo ya tenéis la página escaneada, voy subirla a la nube otra vez porque no esta completa. Le falta el título y el título, la tipografía y el color son importantes.

Más sobre George Sprott 1894-1975 en sobrecomics.

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